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sábado, 24 de agosto de 2013

Un sol de justicia en Heijo-kyo. ¿Continuación?


Desde luego, Dios le da pan a quien no tiene dientes. 
Resulta que hoy sábado, que tengo todo el tiempo que quiera para poder escribir a mis anchas, resulta que no tengo ganas, o ideas, o llámalo tú como quieras. He perdido todo interés en la historia que os estaba contando y además tengo el convencimiento de que vosotros no le habéis tenido nunca; entre otras cosas porque no leéis este blog...y si le leéis, peor me lo ponéis; porque, vamos a ver; y cuidao que voy a hablar claro...
... vosotros, a parte de estar todo el santo día rascándoos los cojones, repanchingaos en el sillón giratorio de oficina que tenéis delante del ordenador, leyendo las cosas que escribimos los demás, a parte de esto digo, ¿hacéis algo de provecho en la vida?.
Na, no os molestéis en contestar.
¡Sois unos zánganos!.

He decidido no escribir más sobre mi aventura en Heijo-kyo. Donde dije digo, digo Diego.
Doy este asunto por zanjado. 

Y para que os fastidiéis, os diré que, entre otras cosas,  había pensado narrar  un episodio que me ocurrió en un momento en el que, debido al abrasador calor del camino, mi mente ya no distinguía con claridad la realidad de la fantasía, fue al atravesar un oscuro bosque entre campos de arroz, a unos pocos kilómetros de Heijo-kyo, cerca del mítico Narayama, un episodio al que iba a poner título y todo "Ka no mori no koto desu", un suceso épico... pero ya no narro nada.
Os vais a quedar con las ganas, 
por listos.

 El tiempo que iba a estar delante del ordenador tecleando como un esclavo para entreteneros a vosotros, le voy a emplear en otras actividades de índole más hedonista. 

...y no me calentéis más, ¡eh!