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| Autorretrato con mi nueva gorra verde |
Hará un mes que me compré esta gorra en Nara.
Hacía un sol de justicia y se me había olvidado en casa la que uso siempre; una de esas gorras castellanas de cuadros que fue de mi hermano, el gran Oscar.
Así que entré decidido en una cadena yen y me hice con este llamativo ejemplar, 100% poliester y más verde que la madre que la parió. Siempre suelo elegir la ropa de colores más bien neutros, pero esta vez no se que punto me dió... y mira tú.
Me costó solo 100 yenes más el iva. Total 108 yenes; igual que las chanclas que compré en la misma cadena a principios de verano. Ya vamos 216 yenes. A esto hay que sumar los 500 yenes de la camiseta gris de Uniqlo (la empresa japonesa competidora de Zara en la que compro siempre) y los 2000 yenes de los vaqueros que compré de rebajas hará unos dos años. Toda la indumentaria por 2716 miserables yenes. Sin embargo, lejos de ocultar toda esta información vergonzosa, a la primera oportunidad la pongo en conocimiento del primer interlocutor desprevenido que quiera escucharme; bien sea nativo o gaijín como yo.
Algún día tendré que preguntarme a mi mismo porque hago esto.
...pero volviendo al tema de la gorrita. Como imaginareis, la prenda es de la peor calidad y además objetivamente fea pero, lo que son las cosas, yo me veo subjetivamente guapo con ella (hasta el punto de que me miro en los escaparates y todo, cosa que detesto cuando la hacen los demás) y no me la quito de encima.
Y ya está. No tengo nada más que contaros de este estúpido asunto.
Lo que si quiero, para curarme en salud, es aclarar que, dado el carácter extremadamente trivial de esta entrada, posiblemente dure en el ciberespacio lo mismo que un merengue a la puerta de un colegio.
No se si llegará a mañana.
Os recuerdo que este es un blog mutante.


