Queridos amigos silenciosos,
voy a contaros la historia de una voces que estoy escuchando.
No son cantos de sirena,
estoy seguro;
lo que habla es algo telúrico y ancestral de la isla.
No distingo las palabras
pero el mensaje es claro;
la esperanza de que todo puede ser absolutamente bueno y hermoso.
En Okinawa aun no ha ocurrido nada malo.
Viejas fantasías, sueños nuevos.
un kodomo jugando en la arena de coral bajo los acantilados;
la sonrisa limpia como el agua de aquella Obaachan de la tienduca donde compramos Ocha en Nago;
los campos de caña de azúcar;
la tierra roja del campo;
las mariposas negras;
las caracolas blancas de los cangrejos ermitaños;
los árboles sin nombre;
los caminos por andar;
todas las cosas me están hablando.
Mika cantaba la canción de la isla,
mis ojos repasaban la sinuosa silueta de los arrecifes lejanos
mientras bajábamos por la colina del castillo de Nakijin
mientras bajábamos por la colina del castillo de Nakijin
con los sentidos desnudos
en un paseo eterno y sagrado.
Las cigarras cantaban enloquecidas
y el viento traía un aroma dulzón y salado.
Entonces el tiempo futuro y el tiempo pasado se hicieron un solo tiempo,
todo el tiempo comprimido entre la mano de Mika y mi mano.
Aun puedo sentir la caricia suave y turquesa del mar de Okinawa;
algo marino, ligeramente alcohólico me está llamando.
Los helechos arbóreos en un bosque de árboles raros
están diciendo mi nombre
y yo grito... ¡Okinawa! desde Cabo Manzamo.
![]() |
| Ruinas del castillo de Nakijin en la costa norte de Okinawa. (Primera estenopografía con mi nueva Mikamatic.) |
En Okinawa estrené mi nueva Mikamatic panorámica de medio formato, a la que he llamado "Isla Hermosa".
Desde siempre me han gustado este tipo de nombres. Me recuerdan a los nombres que le ponían a las casas de Suances cuando yo era niño.
Siempre eran nombres de dos palabras como "Villa Sol", "Costa Mar"...y cosas así.
Estaban escritos en letra cursiva doblando una varilla de hierro y pinchados en la pared al lado de la puerta principal.
Me parecían preciosos, eran como pequeños poemas de bienvenida.
No se si aun se sigue con esa costumbre.
Desde siempre me han gustado este tipo de nombres. Me recuerdan a los nombres que le ponían a las casas de Suances cuando yo era niño.
Siempre eran nombres de dos palabras como "Villa Sol", "Costa Mar"...y cosas así.
Estaban escritos en letra cursiva doblando una varilla de hierro y pinchados en la pared al lado de la puerta principal.
Me parecían preciosos, eran como pequeños poemas de bienvenida.
No se si aun se sigue con esa costumbre.
...y esta es la versión original de "Shima uta" (La canción de la isla)

